Crónicamente soltera
Entre el algoritmo, el pánico, la comodidad, el placer de estar sola y el deseo de un amor romántico.
La semana pasada estuve bastante desaparecida (como disculpa haré 3 newsletter esta semana) porque fui a ver a mi prima, donde pude desintoxicarme de mis aparatos electrónico y de mi rutina de doomscrooling. Pero también descubrí — al igual que cada vez que voy— como se ve una pareja joven heterosexual, funcional y llena de amor.
Dos seres humanos con responsabilidades, presupuestos, trabajos y rutinas que calzan en perfecta sincronía para poder coexistir con amor y respeto con un otro, demostrándome que es posible. Pero tal vez, ya es muy tarde para mi.
En una edad cuando muchas ya han tenido grandes amores (y rupturas), y por más que yo sea muy analítica, lo mío es solo la teoría de una práctica que nunca llegó.
“Eres muy exigente”, “no has encontrado al indicado porque buscas demasiado”. Pero también, “no estás buscando lo suficiente y deberías exponerte más”. Tu vida amorosa es un accidente en cámara lenta que los casados, comprometidos y parejas estables no pueden evitar mirar con cara de lástima mientras siguen su camino hacia una vida con tarjetas adicionales, mascotas y créditos hipotecarios.
Cuando comienzan tímidamente a caer las hojas de los arboles y a bajar la temperatura dándole la bienvenida al otoño, vuelves a enfrentar la presión
—tanto social como autoimpuesta— por pololear, convivir, casarse, tener hijos y cumplir con el libreto.
A los 23 ya no eres la adolescente a la que le queda toda la vida. Se espera que estés saliendo con alguien, o al menos que tengas historias. Que alguien te haya roto el corazón. Que tengas a ese ex al que le sigues mirando las stories. Yo no tengo nada de eso. Con suerte un par de anécdotas que son más penosas que graciosas.
¿Estoy cómoda siendo siempre la amiga soltera?
Cuando le cuento a alguien que nunca he estado en una relación, lo primero que hacen es levantar las cejas como si les hubiese dicho que nunca he probado el chocolate. Hay una mezcla de sorpresa, incredulidad y, lo más incómodo, compasión. Me preguntan si soy muy tímida. Si he tenido un trauma. Si es porque “no quiero”. Y no. La verdad es que sí quiero. Siempre he querido.
Siempre he añorado el momento en el que ya no esté soltera. No me malinterpreten: Amo la vida que he construido. Tengo independencia, amigas increíbles, hobbies que me llenan, y un camino propio que me entusiasma. Pero también, tal vez… estoy muy cómoda, muy en mi zona de confort.
Estuve tan acostumbrada a que me rechazaran que se volvió algo familiar, que luego solo busqué amores imposibles, porque sabía que lo eran, y lo fuera de lo ordinario sería que me aceptaran. (Gracias Robin Norwood por escribir Las mujeres que aman demasiado)
El amor, es lo desconocido. Y a veces, lo desconocido asusta. Porque para mi, el amor sigue siendo un misterio, una idea que miro de lejos como quien observa una película sin saber si será parte del final feliz o solo un personaje extra que aparece en los créditos.
Últimamente se ha hablado mucho de la “pandemia de hombres solteros”, como si el gran problema de este siglo fuera que los varones no tienen con quién casarse. Pero siento que no es correcto, yo creo que no solo hay una epidemia de hombres solteros, sino una pandemia de soledad. Estamos más solos que nunca. Y no solo por culpa de las redes sociales o la hiperconectividad. Sino por estos nuevos estándares sociales que nos empujan a construir una vida solitaria como sinónimo de éxito emocional.
Eso de “proteger tu paz” suena bonito en Instagram, pero en la vida real muchas veces solo significa que aprendimos a no involucrarnos. Nos hemos vuelto apáticos, indiferentes, emocionalmente cautelosos. Decimos que queremos amor, pero nos conformamos con un match silencioso, una historia vista, una conversación que muere después de tres mensajes.
¿Qué se puede hacer al respecto?
Últimamente he tenido una visión, casi como una película mental… es la víspera de Año Nuevo, cuando uno entra en crisis pensando en lo que ha hecho y lo que aún no, dándome cuenta que estoy en la misma posición que todos los años anteriores, sola.
Y ahí está otra vez esa palabra: propósito. Me asusta pensar que soy una persona hecha para amar… y quizás nunca tenga a quién darle todo este amor. Soy una amiga romántica —pregúntenle a mis amigas—, y soy más feliz cuando hago sentir especial a quienes amo. A veces siento que tengo tanto amor acumulado que me ahogaré.
Pero prometo que no voy a dejar que eso pase. Estoy decidida a mantener mi corazón abierto, incluso cuando otros lo malinterpreten. Sé, muy dentro de mí, que el amor fluye por mí, se desborda y luego se regenera. No se agota. No se daña. Es un río constante, y me envuelve.
Siempre tendré suficiente. Y siempre lo compartiré. Por eso tomé una decisión radical que me sacará completamente de mi zona de confort.
Me metí a un “reality” de citas. Sí, leyeron bien. Así que si me funan en TikTok o X, ustedes ya saben que aquí, en este blog, escribo cosas peores.
Aunque voy con 0% de expectativas, deséenme suerte. Porque tal vez, solo tal vez, el amor no llega cuando lo deseas… sino cuando lo gritas a nivel nacional a todos los solteros del país con una cámara apuntándote.
- Ro💋
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